Director Andrés Rivero
Andrés
Rivero Collado, escritor, periodista, profesor, nació en la Habana y llegó exiliado a los Estados Unidos el
1 de enero de 1959. Desde ese mismo año colaboró artículos contra el
comunismo para la prensa latinoamericana; escribió el primer libro del exilio
cubano, Enterrado Vivo, (1960), novela sobre los fusilamientos
fidelistas; en 1961 dirigió programas de radio
en Miami y
publicó varios números de la revista Cruzada; por cuatro décadas fue columnista de los dos diarios más importantes del
sur de la Florida; hace ocho años dirige esta Revista Internética y ha escrito diez libros sobre
temas cubanos. Su padre, Andrés Rivero Agüero fue electo
Presidente de la República en las últimas elecciones multipartidistas
celebradas en Cuba (1958). Para comunicarse directamente con él escriba a andres@cubaexilio.net
(LTV)
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Esta es una
Producción CUBA EXILIO
Miami, Florida, USA
Luis Toledo Webmaster
Colaboradores:
Néstor Jorge
Edith L. Owens
Ciro G. Domínguez
La mayoría del cubano
de Miami en 1959, simpatizaba con Fidel Castro y su revolución. Uno de los lugares más frecuentados por los fidelistas era el restaurante Paula que estaba en la
Segunda Avenida del N.E. cerca de la Iglesia de Gesu y del antiguo Correo
Central; allí se exhibía colgada de una vitrina exterior una gigantesca bandera roja y negra del Movimiento 26 de Julio.
Dos aviones
militares cubanos llegaron a los Estados Unidos la madrugada de
enero 1 de 1959: El primero a West Palm Beach con 50 pasajeros, entre
los que se destacaba Panchín Batista, gobernador de La Habana y hermano del
presidente que había renunciado horas antes. En New Orleans aterrizaba el segundo
avión con igual número
de pasajeros, entre ellos Rubén Batista, hijo mayor del ex-presidente y los
generales Francisco Tabernilla Dolz y Pilar García. Las autoridades americanas de
inmigración enseguida se incautaron de los aviones y detuvieron temporalmente a los
primeros refugiados que huían del triunfo revolucionario en la isla.
A
media madrugada del primero de enero aterrizaban en Santo Domingo, capital de la
República Dominicana cinco aviones militares que transportaban a Batista, su
esposa e hijos pequeños y la plana mayor de su gobierno, quienes pedían asilo
político y se hospedaban
temporalmente en el Hotel Jaragua.
Uno
de los lugares miamenses más concurridos por los exiliados de los primeros años era un
pequeño parque frente a la Farmacia Roberts de Flagler y la Avenida Siete, en
donde se escuchaban constantemente discusiones entre cubanos de ambos bandos políticos; allí en 1960,
después de un encendido enfrentamiento verbal con un fidelista, el ex-senador
pinareño Mino
Suárez
Suquet sufrió una embolia cerebral de la que no se recuperó. Su viuda quedó
sola con un hijo de tres años de edad y se marchó a vivir en New York.
El 28 de enero de 1959, en la gran ciudad de los rascacielos, el senador-electo
Rafael Diaz Balart fundó la Rosa Blanca,
la primera organización exiliada para combatir el régimen castrista.
En
1961 se creó en Miami el Centro de Refugiados Cubanos para asistir, orientar y
subvencionar a los cubanos que por cientos
llegaban todas las semanas a los Estados Unidos. El Centro se estableció en un
edificio de Biscayne Boulevard, hoy llamado la Torre de la Libertad y facilitaba
a los nuevos exiliados la manera de conseguir vivienda barata, un estipendio
mensual, ayuda para conseguir trabajo o relocalización a otro estado y le
surtía regularmente con una pequeña factura alimenticia que consistía
básicamente de harina de maíz, carne en lata y queso. Algunos refugiados,
desafortunadamente, botaban la harina a la basura (mientras otros la recogían y
hacían tamal) y regalaban las latas de carne que decían "les recordaba la carne rusa" que entonces empezaba a surtir las bodegas cubanas.
En
los primeros años de exilio se imprimieron varias publicaciones, folletos,
revistas y "periodiquitos", que se publicaban en la Imprenta Talavera de
la Calle 29 y la 7 Ave del N.W. Talavera, un cubano impresor que había emigrado
a Miami temprano en la década del 40, daba muy buen precio y a veces hasta
fiaba.
Uno
de los cubanos establecidos en Ciudad México que más ayudó a los nuevos
exiliados en el país azteca fue Arturo Nuñez, director de afamada orquesta,
que había grabado con Benny Moré y tenía un programa regular de radio por una
popular emisora mexicana. Otro que recibió a los primeros cubanos en Acapulco,
donde actuaba, fue José Antonio Méndez, autor de conocidos boleros como "Novia
Mía" y la "Gloria Eres Tu", quien posteriormente regresó a Cuba
y se convirtió en presidente del sindicato fidelista de músicos y compositores.
El
Exilio Miamense por Hiram A. Cobas, hiramco@att.net
El exilio miamense fue probablemente
inaugurado en la madrugada del día primero de enero de 1959 por quien fuera
Ministro de Transporte y Representante a la Cámara, Mario Cobas Reyes, que el
día 31 de Diciembre se retiró relativamente temprano de la fiesta que se
celebraba en el Palacio Presidencial y a quien le comunicó un familiar sobre
la partida de Fulgencio Batista. Sus relaciones con la Compañía Cubana de
Aviación le permitieron partir junto a su esposa en el vuelo comercial que
salía en las primeras horas de aquel día primero. Desconozco
si alguna lancha arribó antes, tengo entendido que un grupo de oficiales
de la Marina de Guerra llegó por esa vía, aunque no sé si precisamente
a Miami.
El
Semanario 20 de Mayo comenzó su publicación en Los Angeles, California en 1969
con noticias sobre el exilio, Cuba, los Estados Unidos y el mundo, manteniendo
hasta el presente sus ediciones dirigidas por Abel Pérez, distinguido
periodista cubano exiliado. Para visitar la edición internética
clic
http://www.20demayo.org
A
los americanos de Miami nunca les ha interesado utilizar el coco como se hace en
el Caribe: agua diurética, masa de dulce y hasta de adorno y brujería; por eso
los cubanos de los primeros tiempos de exilio vieron en ello una oportunidad de
suplementar el escaso sueldo que se ganaba en las factorías y pedían permiso
para "tumbar" los cocos que después vendían por la calle o en "los
pulgueros" de aquellos tiempos difíciles.
En Miami, los primeros exiliados empezaron a encontrar trabajo en las factorías de costura y metales,
que entonces abundaban en Hialeah, pero tenían
que mantener callada su procedencia pues los fidelistas podían agredirlos o
lograr que los despidieran. Eso pasó por meses hasta que el ex-senador Rolando
Masferrer y un contingente de seguidores que llamaban "tigres"
alquilaron una casona por la Calle Siete del N.W. (cerca del hoy Colegio
Champagnat) que habilitaron como cuartel-refugio (hasta para rebeldes que
llegaban arrepentidos) y empezaron a ripostar a los fidelistas con puños, palos
y adoquines. Enseguida se acabó el asedio. Uno de los objetivos de los
exiliados fue el Restaurant Paula al que rompieron vitrinas y despojaron de la
bandera fidelista. El restaurante cerró seis meses después.
El temprano exiliado cubano, que ganaba 75 centavos la hora, tenía que ser sumamente
ahorrativo con su dinero, por lo que "salir de restaurante" entonces,
significaba ir a comer a la única cadena de hambergueras que había en
la Florida: Royal Castle, que cobraba diez centavos por un hamburguesa y cinco centavos por una sopa y era el lugar
más apropiado para encontrarse con un amigo o amiga "de los viejos tiempos".
Una
de las primeras orquestas de exiliados que surgió en Miami, por el 63, fue Los
Jóvenes del Hierro, dirigida por José Dono. Y mire, disfrútela, clicRitmo Sabroso
En
1961 Fidel Castro comenzó las expulsiones de curas y monjas de Cuba; en mayo
fueron obligadas al destierro más de 40 hermanas-maestras del afamado colegio
Nuestra Señora de Lourdes en la Habana. Así se fue intensificando una feroz
persecución contra los religiosos en la isla que los forzó por cientos a
exiliarse en los Estados Unidos, latinoamérica y España. En el barco
español Covadonga partieron a mediados del 61, 131 curas rumbo a Madrid. La
represión contra el catolicismo continuó, al punto que muchas iglesias en Cuba
fueron convertidas en almacenes de papas que venían de la Unión Soviética.
Para
finales de 1961, ya habían expulsado de Cuba a más de 3000 sacerdotes y
hermanas religiosas, entre ellos el arzobispo Eduardo Boza Masvidal, al que
acusaron de actividades contra-revolucionarias pues le encontraron en su
habitación unos 300 dólares, lo que consideró el Che Guevara, entonces
Ministro de Economía, como una fortuna destinada a derrocar la revolución.
Boza Masvidal después sirvió en Venezuela, donde falleció en el 2003.
El
8 de septiembre de 1961 desfiló por el estadio de beisbol de Miami la Virgen Marina de la Caridad, sacada subrepticiamente de la playa Guanabo en la
provincia de la Habana y traída al exilio como esperanza de redención. Miles
de cubanos asistieron al evento, que fue realmente conmovedor.
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Temprano
en el exilio de New Jersey, New York, Chicago y Miami, el cubano exiliado que
quería sentir que en algo cambiaba su mala suerte, empezó a jugar la bolita
(centenas, terminales, parlé, etc.) como lo hacía en Cuba antes de Castro. Los boliteros
latinos ya existían, pero desaparecieron o disminuyeron considerablemente
cuando se aprobaron en la mayoría de los estados americanos las loterías
estatales y aún más cuando se han multiplicado por el país, los casinos
indios.
En
1965, el exiliado líder del Directorio Estudiantil Universitario, Juan Manuel
Salvat, fundó la Librería Universal en un pequeño local de la Calle Ocho; con
tesón y laboriosidad familiar, el negocio fue creciendo y desarrollándose como importante
casa editorial, al punto que el sello Ediciones Universal ha sido editor de
cientos de libros escritos por exiliados cubanos.
La
Chusma Fidelista
por Gloria Salas, Cuando
llegué al exilio en 1959, con sólo 16 años de edad, tuve que trabajar y
asistir al high school de noche. Uno de mis primeros trabajos fue en una tienda
de sombreros femeninos en Miami y un día llegó al comercio una furibunda y
chusma fidelista que empezó a gritarme groserías, consignas revolucionarias y
casi llega a pegarme, manoteándome en la cara, mientras me acusaba de ser hija
de un "criminal del gobierno anterior" y decía horrores de mi padre.
La dueña del lugar, una señora judía, intervino y le dijo que si no se iba
llamaría a la policía. La mujer se marchó, pero nunca olvidaré que tenía en
la blusa un prendedor con un machete, que indicaba que ella era de los come-candelas
de Miami, admiradora del tirano y que estaba dispuesta a hacerles la vida
imposible a los nuevos exiliados, fuesen mayores o jovencitas como yo,
quien estuvo tres meses escondida antes de poder salir de la isla. Desde 1961
vivo en Los Angeles, California.
A
mediados de los sesenta, el general Genovevo Pérez Dámera, jefe del Ejército
cubano durante el gobierno de Grau, compró una bodega en el oeste de Miami; un buen
amigo que lo visitaba le preguntó: --¿Pero gordo, te mudaste para el campo? El
general sonrió y contestó: --Este es el futuro de Miami. El comercio estaba en
la Calle Ocho, al pasar el Palmetto Expressway, lo que hoy es Westchester, una de
las zonas latinas más pobladas del Condado Miami-Dade. Visionario el militar.
El villaclareño ex-ministro Mario Cobas vivía en una casa del South
West de Miami que tenía un ancho portal en el que se reunían los exiliados de más
edad a recordar y cantar viejas canciones del pasado cubano: Longina... Veinte
Años... Noche Azul... Lágrimas Negras y otras más.
Nostalgia temprana.
En
esta década llegaron al exilio importantes figuras del deporte cubano como el
famoso boxeador Kid Gavilán (Gerardo González) y los igualmente famosos
peloteros Bobby Maduro y Roberto Ortiz; todos han muerto en el exilio.
Una
tarde un amigo se encontró en pleno downtown de Miami a Alfredo Gallo
Gantuz (famoso por su grito "Batista Veinte Años") llorando a
lágrima viva --¿Qué te pasa, hombre? --Que mi mamá murió en Guanajay y no
me dejan ir a enterrarla. --Oh, cuanto lo siento, ¿pero hiciste alguna gestión?
--Si hablé con el cónsul cubano en Miami y me dijo que jamás yo podré
regresar a Cuba. Gallo Gantuz murió en Miami en los años ochenta.
A
comienzos de la década del sesenta, algunos cubanos que trabajaban en la Base
Naval de Guantánamo, decidieron quedarse "asilados" en la
instalación militar y no regresar a territorio fidelista. Esa es la interesante
historia de César Aldama, hoy director de noticias de un canal televisivo de
Miami, que vivió 19 años en la base.
En
1959 se formó la primera organización de cubanos exiliados en Ciudad México,
en la que se destacaron figuras como Orlando Rodríguez Alvarez, actualmente
Coronel retirado del Ejército Americano, Tuto Fernández, ex-presidente del
Retiro Tabacalero Cubano y el Dr. Eduardo Borrell Navarro, ex-ministro de
Salubridad de Cuba, que ejerció la medicina en la capital azteca por casi
cincuenta años.
En la popular calle Flagler de Miami había dos teatros que mostraban películas mejicanas
y se llenaban de
público los fines de semana: Flagler y Tívoli; la entrada valía cincuenta
centavos. En la Calle Ocho estaba el teatro Tower que ponía en español las
películas de James Bond y presentaba a cantantes cubanos exiliados; en
1964 Celia Cruz hizo una breve temporada que no tuvo mucho éxito. Eran tiempos
austeros, de mala economía.
En el Bayfront Park, donde hoy se encuentra Bayside, se daban bailes con
orquestas latinas al que asistían los exiliados más jóvenes, mientras los mayores
iban a un centro judío, en lo que es hoy es South Beach, al "baile de los
viejos" los viernes y sábados por la noche.
Los
tres primeros artistas cubanos que empezaron a presentar comedias en los cines y
teatros miamenses a principio de la década del sesenta fueron Rosendo Rossell,
Leopoldo Fernández y Néstor Cabell.
Muchos
exiliados tempranos, ante época americana de recesión económica, encontraron
trabajo recogiendo tomates en las fincas de Homestead/Florida City o cortando
caña en los centrales azucareros de Pahokee/Belle Glade; inclusive los que
pudieron compraron viejas guaguas de escuela para transportar --por un precio
módico-- a los braceros y se quedaban también "piscando" para
ganarse algo más. Tiempos duros.
En
1962, los periodistas Mario Barrera y Vicente Martínez fundaron la primera
organización profesional exiliada en los Estados Unidos, el Colegio Nacional de Periodistas Cubanos; la
"oficina" era un pequeño
tarjetero metálico 3x5 sobre un
modesto escritorio en la casa de Vicente en el SW de Miami; pero rápidamente
inscribieron a más de 50 afiliados.
El primer
columnista cubano del Diario Las Américas fue René Viera que escribía una
sección política titulada "Reloj"; el jefe de redacción del único
periódico miamense en español era el colombiano Guillermo Zalamea. Más tarde
en esta década, después de Camarioca (1965), el Miami News y el Miami
Herald empezaron a publicar páginas en idioma español. Y surgió Patria,
el primer semanario exiliado, dirigido por Armando García Sifredo y Alberto
Rodríguez.
Los
periodistas radiales más destacados de la primera década de exilio fueron en
Miami, Norman Diaz,
Juan Amador Rodríguez, José Luis Masó, Tomás García Fusté y Armando Rodríguez;
como locutores se destacaban Alexis Farís, Eduardo González Rubio y Abilio
Felipe.
Los
exiliados de esta época vivieron por un tiempo la ominosa discriminación
racial que existía en los Estados Unidos, por la que los negros americanos
disfrutaban de escasos derechos civiles. El cubano se asombraba de los bebedores
de agua para cada color de piel, de las playas segregadas, de
las escuelas por razas. Algunos exiliados, sin embargo, por razones económicas,
tuvieron que vivir en áreas negras de las ciudades sin ser víctimas de ningún
acto de repudio o violencia. Aunque en Hialeah, Florida --por ejemplo-- la
trabajadora afro-americana de factoría se resintió de que las cubanas
exiliadas le quitaran el trabajo de planchadora u mantenimiento, porque aceptaban
salarios más bajos.
Los grandes hoteles de Miami Beach como el Fontainebleau, Americana y Deauville daban
trabajo a cientos de cubanos exiliados de los primeros tiempos; era fácil
encontrar laborando en la lavandería del hotel,
tendiendo camas, fregando
platos o parqueando carros a un ex-ministro, senador, hacendado, millonario o
artista famoso. En la ciudad de Miami, los hoteles más grandes y populares eran el Columbus
y el Everglades, ambos en
Biscayne Boulevard.
El
Camillus House, una organización caritativa en el centro de Miami que se
dedica a albergar, proteger y alimentar a los desamparados del área, fue
fundada en agosto de 1960 con la idea de dar refugio, comida y vivienda a los
cubanos que llegaban exiliados a la ciudad sin dinero, ni familares. Que eran
miles. Bella labor que ha continuado hasta nuestros días.
¿Qué
Rayos Hago Yo Aquí? Por Martha Pardiño, gloriaalejandra@bellsouth.net.
Cuando
mi marido y yo llegamos
a Miami, el 31 de julio de 1962, en uno de los últimos vuelos de Pan American,
con una flaca maletita (pues en ese tiempo sólo permitían sacar de Cuba tres
mudas de ropa), al vernos en el aeropuerto de Miami, tan solos, en un pais
extraño, sin saber adonde ir, ni que hacer, ni a quien contarle nuestra
tragedia y sin un centavo en los bolsillos, me dije: ¿qué rayos hago yo aquí?
Y a pesar de haber estado presos los dos en la isla, de pronto sentí que se me
hacía un nudo en la garganta, se me llenaban los ojos de lágrimas y deseé con
todas las fuerzas de mi corazón volver a mi Habana querida, abrazar a mis
padres y visitar mi casita de la calle Vista Alegre. Cuando en octubre de ese
mismo año me comenzaron los dolores de parto y camino al hospital Mercy en un
cacharro que nos prestaron, me sentí tan nerviosa y desesperada que
me volví a preguntar: ¿qué rayos hago yo aquí? Pero nada pagué por dar a
luz. Cuando falleció mi madre y me negaron la entrada a Cuba para enterrarla,
enloquecí de rabia y dolor y lamenté haber salido de mi patria y no estar con
mi viejita en sus últimos momentos de vida y una vez me repetí: ¿qué rayos
hago yo aquí? Cuando a mi hijo Carlos le detectaron un grave defecto en las
piernas a los seis meses de nacido, me volví loca de dolor, lo llevamos al
Miami Children Hospital y me sentí tan desamparada que grité ¿qué hago yo
aqui? Carlos se curó. Ahora me pongo a pensar en los primeros tiempos de exilio
cuando tanto añoraba estar en mi tierra, con mis seres queridos, pero me
pregunto: ¿qué hubiera sido de nosotros si nos quedamos en Cuba, declarados
enemigos del régimen... ¿qué hubiera pasado si voy a enterrar a mi madre y
después no me dejan salir, separándome --no se por cuanto tiempo-- de mi
esposo e hijos? Pienso lo que le hubiese pasado a Carlos en Cuba, con su
dolencia y un sistema de salud desastroso. Aquí él recibió la esmerada atención de un especialista y el noble trato de enfermeras profesionales. Este
exilio ha sido muy duro y hemos tenido momentos de flaqueza y desesperación,
pero le doy gracias a Dios que pudimos carenar en un país generoso que nos
abrió sus puertas y nos ayudó a rehacer nuestras vidas. Y se bien los "rayos"
que hacía yo aquí.
Los
exiliados que llegaron temprano a Puerto Rico, encontraron inicialmente mejor
situación económica y social que los que se refugiaban en los Estados Unidos: el idioma, el
clima, la
cordialidad puertorriqueña y las muchas oportunidades vírgenes de negocios, no
sólo ayudaron rápidamente al cubano a crear nuevas empresas en la Isla del Encanto, sino
también enriquecieron a muchos exiliados.
Haga
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En 1960, ya
con avanzados planes de invasión a Cuba, la CIA comenzó a reclutar voluntarios para la
acción, excluyendo inicialmente "aquellos que habían servido como
militares durante el gobierno de Batista". Las oficinas estaban en Biscayne
Boulevard y la 17, enfrente de lo que más tarde fue el Hotel y Centro Comercial
Omni de Miami. Al ver que después de varios meses, menos de cuatrocientos
jóvenes se habían inscrito, anunciaron entonces que las fuerzas invasoras
serían entrenadas por el teniente coronel Angel Sánchez Mosquera (de pasado
heróico combatiendo en las montañas a los rebeldes fidelistas) y casi de
inmediato los reclutados pasaron de mil. Así se escribe la historia.
El
amanecer del 17 de abril con el anuncio de los expedicionarios cubanos
combatiendo en Playa Girón contra las milicias fidelistas, fue un despertar de alegría y regocijo para el cubano ds Miami que se
lanzó a las calles a celebrar
y a ofrecerse --tal vez tardíamente-- para unirse a los combatientes. Dos
días después, con el
anuncio del fracaso de la invasión, la ciudad quedó umbría y triste como gigante
funeraria.
Pero
la esperanza y confianza renació un año y medio después con la llamada Crisis de
los Cohetes, cuando Fidel Castro permitía a los soviéticos establecer una base
nuclear en Cuba, le pedía a Nikita Kruschev que dejara caer una bomba atómica
sobre
Washington y el presidente Kennedy aseguraba que "no pasarían". Miami,
por varios días, se convirtió en una base militar repleta de soldados, camiones y
tanques de guerra, aviones de combate en Homestead y de alerta de invasión. El 28 de
octubre de 1962 con la retirada de los barcos rusos, cargados de misiles, sin tocar puertos cubanos, volvió
al exilio el pesimismo, la derrota y la desilusión.
Entonces
muchos de los jóvenes cubanos que después del fracaso de Girón se habían
inscrito como voluntarios en el ejército americano, terminaron peleando en
Vietnam.
Los
primeros carros del exilio fueron transportations que costaban 75
dólares, a veces gastaban más aceite que gasolina y se paraban en cualquier
esquina de Miami. No era muy inusual ver a un viejo amigo de los que "tuvo
en Cuba" ir empujando un cacharro por Flagler abajo, rumbo a su caluroso efficiency.
Las
tiendas más populares en el Miami de los sesenta eran Woolco, K Mart, de mercancía
general; Jordan Marsh, Burdines
y Richards, de ropa; Kwik Chek, cadena de
supermercados y Walgreen's, de farmacia y fuentes de soda.
En
1965 en Miami se fundó la CAMACOL (Cámara de Comercio Latina) que agrupa a los
comercios latinos del área; su primer presidente fue el empresario Gilberto
Almeyda y después le siguieron Horacio Aguirrre, Manuel Balado, Luis Sabines (que
presidió la organización con sumo éxito por más de 20 años) y en la
actualidad, William Alexander. La CAMACOL es un excelente centro de ayuda y
orientación no sólo a los comerciantes locales, sino también para la
comunidad en general.
El
Maestro Baserva Soler, brillante concertista y director de orquesta, menciona en su
libro Cuatro Décadas de un Pianista en el Exilio algunos de los
artistas que ya estaban exiliados en New York y otras ciudades de los Estados
Unidos durante la década de los sesenta: Belisario López, Bobby Collazo, Zoraida
Marrero, Julio Gutiérrez, Carbó Menéndez, Otto Sirgo, Manolo Torrente, Pedro
Román, Hilda Lee, Arsenio Rodríguez, Panchito Calimano, José Fajardo, Eduardo
Davidson, Roberto Ledesma, Guillermo Portabales, Estelita Santaló, Xonia Benguría, Alberto
Garrido, Guillermo Alvarez Guedes, Celio González, Orlando Vallejo, Ñico Membiela, Ernesto
Lecuona, Maruja González, El Duo Cabrisas-Farach, Fernando Albuerne, Blanca Rosa
Gil, Flor de Loto y Marisela Verena.
Y
continúa su relación Baserva Soler: Carmita Jiménez, Olga y Tony, la India de Oriente,
Panchito Risset, René Touzet, Tania Martí, Osvaldo Farrés, Javier Dulzaides, Alfredo Munar, Marta
Pérez, Leopoldo Fernández, Celia Cruz, Olga Guillot, La Lupe, Rolando La Serie,
la Sonora Matancera, Xiomara Alfaro, Dinorah Ayala, Orlando Contreras, Juan Bruno
Tarraza, Rosendo
Rosell, Marta Casañas, Lilia Lazo, Rolando Ochoa, Pepa Berrio, Mimi Cal, Jorge
Guerrero, Polito Fernández, Margarita Lecuona, Raquel Bardisa, Isidro Cámara, Tito
Hernández, Olga Lidia Rodríguez y Gaspar
Pumarejo. Muchos de esos artistas hacían presentaciones voluntarias para recaudarles
fondos a organizaciones exiliadas que luchaban contra la dictadura
comunista en Cuba.
A
mediados de los años sesenta, el formidable cantautor argentino Luis Aguilé,
que había vivido y triunfado artísticamente en Cuba, escribió una bella
canción que expresaba cabalmente el sentimiento triste y nostálgico del cubano
exiliado: Cuando Sali de
Cuba.Clic y escúchela:
Frente
a las amenazas constantes que el régimen de Fidel Castro hacía contra la familia
cubana, entre el 1960 al 62 se preparó por la Iglesia Catolica de Miami y
personajes de la oposición cubana la Operación Peter Pan por la que vinieron solos
a los Estados Unidos 14,000 menores cubanos. El plan fue muy bien organizado a todo
nivel y el resultado --con el tiempo-- ha sido excelente, pero hubo casos tristes
como el de una familia oriental que envió a sus tres hijos --el mayor de 13 años
de edad-- a Miami por su cuenta "a encontrarse con el Padre Javier". Los
niños
fueron retenidos varias horas en el aeropuerto de Miami, asustados, desconcertados,
hambrientos, hasta que un funcionario de la Diócesis Católica de Miami los
recogió y los llevó a uno de los campamentos asignados a la Operación. Después los
niños fueron "adoptados" por familias americanas de diferentes estados y hoy son profesionales
exitosos y distinguidos.
En
septiembre de 1965, el dictador cubano anunció que abriría el puerto de Camarioca, Matanzas, a todo el
gusano que se quisiera ir al paraíso yanqui; entre el 10 de octubre al 15
de noviembre, casi tres mil cubanos fueron traídos en barcos a Miami; de ahí en adelante el gobierno de
Lyndon Johnson autorizó viajes aéreos llamados "vuelos de la libertad"
que trajeron antes de 1970 a más de 200,000 cubanos a Miami y otras
ciudades americanas como Union City, New York y Chicago. Es interesante el breve
análisis en inglés que sobre el exilio de Camarioca hace la historiadora cubano-americana,
María Cristina García. Clic, veála y escúchela.