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Andrés Rivero

Es un destacado escritor cubano-americano que reside en Miami, Florida. Es autor de diez libros; ha escrito cientos de artículos periodísticos en revistas y diarios continentales y diseñado decenas de materiales didácticos para el estudio del idioma español en las escuelas americanas. 
Rivero ha recibido numerosos premios y distinciones por su obra literaria
  incluyendo una beca de la prestigiosa National Endowment for the Arts, Washington D.C y en el año 2002 fue reconocido nacionalmente por la organización Hispanic Media 100 de Houston, como uno de los periodistas hispanos más prominentes de los Estados Unidos. Su padre, Andrés Rivero Agüero fue electo Presidente de la República en las últimas elecciones multipartidistas celebradas en Cuba (1958). Para comunicarse directamente con él escriba a:
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La Conciencia de Cuba
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Hace Medio Siglo

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Las Elecciones Cubanas de 1958

Hace medio siglo, en Cuba la vida era buena y mala. El país prosperaba, emergía una robusta clase media, el gobierno construía autopistas, túneles y puentes, dispensarios médicos y escuelas; nuevas rutas se le abrían al agricultor y al pequeño comerciante, la industria nacional progresaba, las empresas financieras se modernizaban, el sistema crediticio se hacía más accessible y el cubano trabajador podía mirar para un futuro económico halagüeño, de bolsillo más repleto; desaparecían los barrios de indigentes, surgían nuevos repartos suburbanos, se multiplicaban las tiendas por departamentos, los teatros y centros nocturnos de diversión.

Las ciudades se embellecían, la música, el cine, la radio y televisión, disfrutaban de su mejor momento. Aparecían decenas de nuevos periódicos y revistas. Cuba se situaba a la cabeza continental en cultura, economía, urbanismo, progreso y beneficios sociales.

Y sin embargo, declinaba dramáticamente la popularidad de su gobierno, seis años del mismo presidente eran demasiado para el cubano de entonces. Crecía alarmantemente la insurrección fidelista que se guarecía en la montaña, pero aterrorizaba en el llano. Diariamente explotaban bombas en lugares públicos, que arrancaban piernas y brazos de gente inocente; se hacían frecuentes los secuestros, asaltos y pase a cuchillo de indefensos soldados en el transporte público, con su secuela de represalia policial; el país iba al caos, se desmoronaban las instituciones oficiales, mientras ricos y aristócratas subvencionaban el terror y las iglesias se convertían en madrigueras de insurrectos; la mayor conspiración contra el gobierno no se fraguaba en cuevas o tugurios, sino en clubes exclusivos a la hora del trago y la veleidad.

En realidad, la insurrección terrorista no encontraba apoyo en las clases obreras ni campesinas, pues fracasaban todas las huelgas que convocaban los revolucionarios; el guajiro no se sumaba a la causa, no había protestas masivas del pueblo y las acciones criminales como el ataque al palacio presidencial en 1957, eran repudiadas por un amplio segmento de la población cubana. Sólo el apoyo económico, subversivo y torpe del conservadorismo más retrógrado fortalecía una revolución que contaba con cabecillas rojos como Bayo, Carlos Rafael Rodríguez y el Che. Absurdo. Patético.

Los cubanos se mataban por las calles y el país se sumía en un abismo político que afectaba todos los segmentos de la sociedad. Que detenía el avance nacional, la vida sensata. Cuba se volvía un infierno de ambiciones, estupideces, traiciones, violencia y crimen.

Ante esa caótica realidad, surgía un rayo de esperanza: en marzo de 1958, el gobierno convocaba a elecciones generales para celebrarse el tres de noviembre. El presidente Batista terminaba su mandato y para sustituirlo se presentaban cuatro candidatos de diferentes partidos políticos que prometían gobernar civil y democráticamente, terminar con la insurrección y conducir el país por caminos de paz y cordialidad. El terrorismo no era solución a la crisis nacional, afirmaban todos los candidatos. Y tenían razon, las elecciones eran el camino correcto, porque la voluntad soberana de un pueblo ejercida a través del voto, en cualquier parte del mundo, resuelve cualquier angustia patria.

Claro, ante la perfidia insurrecta, las condiciones electorales no eran óptimas; pero una elección multipartidista, en las que el principal regente no se postulase, aunque sólo lograra un bajo porcentaje de participación ciudadana --por temor o apatía-- ratificaría, sin embargo, que el voto libre y secreto siempre era una buena alternativa y probaría al mundo que el futuro cubano estaria regido por la concordia y unidad nacional.

Tan era así, que inmediatamente los cabecillas revolucionarios lidereados por Fidel Castro condenaron el proceso y “promulgaron” la Ley Número 1 de la Sierra Maestra que sentenciaba a muerte a todo el que participara del proceso electoral.

Definitivamente, aquellas elecciones del 3 de noviembre de 1958 fueron la gran oportunidad cubana de hace medio siglo.

¿Por qué se desperdició?

Siga leyendo, pero antes disfrute de dos videos sobre la Cuba que perdimos, la que tanto ahora quisiéramos recobrar:
http://www.youtube.com/watch?v=UQFyYDXgqFU&feature=
related
http://www.youtube.com/watch?v=0xShhFCoj_E&feature=related

Los Candidatos Presidenciales

En mayo de 1958, Andrés Rivero Agüero, político honesto, inteligente, sincero; hombre culto, hogareño, de humilde origen; funcionario probo y capaz, obtuvo la nominación presidencial de los cuatro partidos del gobierno cubano (Progresista, Liberal, Demócrata y Radical) frente a destacadas figuras nacionales como el vicepresidente, Rafael Guás Inclán; el presidente del Senado, Anselmo Alliegro; el alcalde de La Habana, Justo Luis del Pozo; el Premier, Jorge García Montes y el embajador ante las Naciones Unidos, Emilio Nuñez Portuondo; pues contrario a lo que equivocadamente se informa en los libros de historia fidelistas o escritos en el exilio por autores "revolucionariamente correctos", el presidente Batista no escogió arbitrariamente a su sucesor, sino insistió en que su coalición gubernamental apoyara al candidato que mejor pudiera resolver, desde la primera magistratura, la grave crisis política que vivía el país. El Dr. Rivero Agüero, de 53 años de edad, que contaba en su haber una amplia hoja de servicios públicos como Concejal, Consultor Legal de Salubridad, Presidente del Instituto del Café, Embajador, dos veces Ministro (Agricultura y Educación), senador líder de la mayoría y Premier, lucía como el individuo más calificado y hábil para ganar la contienda electoral frente a candidatos oposicionistas tan prestigiosos como Ramón Grau San Martín, Carlos Márquez Sterling y Alberto Salas Amaro. 

Para vice-presidente por la coalición de gobierno fue nominado el doctor Gastón Godoy Loret de Mola, presidente de la Cámara de Representantes, hombre de positivo talento y prosapia. Era la candidatura ideal.

Además, Rivero Agüero, que formó parte integral y progresista de todas las comisiones gubernativas que se reunían periódicamente con líderes de la oposición, había prometido que si era electo presidente formaría un gobierno de unidad nacional, dialogaría con todas las fuerzas antagónicas al régimen, incluyendo los rebeldes de las montañas y estaba dispuesto, si era necesario, a reducir su período presidencial para convocar a nuevas elecciones en las que pudieran participar los grupos insurrectos.

Promesas precisas y tangibles de un hombre de bien, de un político honesto, que fueron aceptadas inicialmente por opositores destacados y combativos como el ex-presidente Carlos Prío Socarrás y el ex-ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, pero rechazadas de plano por Fidel Castro, quien en realidad, nunca ha querido que el cubano viva en paz, concordia ciudadana, democracia y libertad.

59, El Año del Error: Gorki 

La Cruzada de los Cien Actos  

La campaña política empezó oficialmente a mediados del verano del 1958 y con un valioso grupo de amigos como Waldo Diaz Balart, Pedro Luis Ferro, Marcos Córdova, José Dorta, Guillermo Nuñez, Haroldo Morán y muchos otros, fundamos Acción Popular Organizada, un movimiento de vanguardia juvenil en apoyo entusiasta de los candidatos de gobierno. Nuestro lema era Paz y Democracia. Enseguida se nos sumaron cientos de simpatizantes de todos los estratos sociales de la nación: profesionales, estudiantes, comerciantes, obreros y campesinos y decidimos echar a andar una dinámica movilización popular que trascendiera el rutinario efecto político de la propaganda en prensa, radio, televisión, o de chucherías publicitarias. Así surgió la idea de realizar reuniones callejeras, bajo el membrete de La Cruzada de los Cien Actos, cuyo propósito inicial fue celebrar cien mítines relámpagos por las calles de la Habana con un claro mensaje: “ciudadano, participa del proceso electoral, vota por el candidato que quieras, pero sal a votar, el futuro cubano está en juego.”

A principio de agosto, empezamos los mítines en La Habana Vieja; el procedimiento era simple: una bulliciosa caravana de automóviles revestidos en coloridos pasquines electorales, encabezada por un camión alto-parlante, transportaba un centenar de entusiastas partidarios que llegaban en plena mañana o temprana tarde a cualquier esquina concurrida de la ciudad e improvisaba una tarima con un par de cajas de madera en donde se subían los oradores, mientras un grupo musical entonaba congas populares: “sun sun sun babaé, el pueblo dice que Rivero es”. Dos o tres oradores discurseaban brevemente sobre la situación nacional, se terminaba el mitin que nunca duraba más de media hora y de allí a la próxima esquina habanera. El acto atraía casi siempre a un numeroso grupo de curiosos que nos aplaudían, impugnaban o ignoraban, mientras la policía trataba de mantener el orden y los choferes atrapados en un improvisto tranque vehicular, protestaban o participaban del mitin. El efecto deseado se lograba, se podia hacer politica en aquella Cuba, se podia apoyar o rechazar, pero se probaba que la democracia, pregonada y enfatizada aún desde una caja vacía de refrescos, era solución civilista, alternativa al terrorismo, sendero hacia la paz nacional.

La “Cruzada” fue tan exitosa, logramos tanta reacción popular que ya para la segunda semana de agosto, con una decena de mítines celebrados, decidimos extender la campaña por toda la isla.

Aunque la insurreción fidelista nos amenazara, pues empezábamos a recibir apocalipticos mensajes de represalia y muerte.

Como siempre desde las sombras, incógnitos, característico de terroristas.

La Cruzada Sigue por Toda la Isla…

Aunque el grueso de la Cruzada estaba formada por hombres y mujeres jóvenes, neófitos en cuestiones electorales, recibiamos excelente asesoramiento de expertos en materia política y social, como Arsenio González, Ministro de Trabajo; Eusebio Mujal, Secretario de la CTC; Rafael Díaz Balart, Sub-Secretario de Gobernación; Rolando Masferrer, senador, presidente del Partido Radical; Martín Pérez, Coronel de la Policía; Otto Meruelos, destacado periodista y otros cubanos distinguidos.

Empezaba septiembre de 1958 y con treinta mitines celebrados en la Ciudad de La Habana, marchamos en caravana para continuar la campaña política por la provincia pinareña; Guanajay, gracias al magnífico trabajo preparatorio de los hermanos Gallo Gantuz, nos daba un entusiasta recibimiento; de ahí para Artemisa, Consolación del Sur, Pinar del Río, Minas de Matahambre, Mantua y Guane. Llegábamos a la plaza central de cada pueblo, montábamos nuestro entourage, dábamos el mitin que propugnaba las elecciones como la mejor solución a la crisis nacional y nos marchábamos. 

Los rebeldes terroristas podían estar cerca, en acecho, pero no nos amedrentábamos, seguíamos adelante. Y claro tomábamos precauciones, íbamos armados, el ejército nos protegía en la entrada y salida a los pueblos, pero no inspirábamos temor, no alardeabamos fuerza o violencia, no amenazábamos, no atacábamos, sino reiterábamos nuestro mensaje de paz y democracia. Por una Cuba mejor. A veces nos aplaudían, a veces nos miraban ajenos o desafiantes, a veces muchos se acercaban a nuestra tarima, otros se mantenían alejados, pero siempre nos escuchaban, a veces aplaudían y siempre comprendían el esfuerzo que haciamos en llevar cívicamente nuestro mensaje. 

En la provincia occidental estuvimos dos días y celebramos quince mitines. De regreso a La Habana continuamos de esquina a esquina, de barrio en barrio, esperando para tomar de nuevo la carretera central rumbo a Oriente,  provincia que desesperadamente necesitaba recibir un democrático impulso electoral.


A principios de octubre llegamos a Victoria de las Tunas en donde realizamos un formidable mitin, a pesar del terror implantado en la bella ciudad por las taimadas fuerzas fidelistas que atacaban, asaltaban y aterrorizaban en las penumbras. Tomábamos rumbo a Holguín, con intención de visitar el Santuario de la Caridad del Cobre para rogar por nuestro país, cuando un convoy militar nos detuvo, impidiéndonos seguir adelante, pues al decir del jefe del regimiento sería “un suicidio” ya que había rebeldes fidelistas agazapados en cada recoveco de una carretera extremadamente sinuosa. Cuando protestamos, el militar nos indicó que recibía órdenes del Estado Mayor y teníamos que acatarlas. Estábamos en guerra, sin lugar a dudas, así que defraudados, decidimos virar y entrar en Camagüey con entusiasmo para seguir nuestra cruzada electoral.

En la capital de los tinajones le dieron una excepcional acogida a dos mítines políticos. De ahí celebramos actos en Florida y Ciego de Avila, en donde decidimos quedarnos a dormir en su Hotel Santiago-Habana para al otro día seguir hacia Santa Clara que nos esperaba una comitiva presidida por el popular congresista Mario Cobas Reyes, Ministro de Transporte.

La trayectoria de regreso fue excitante porque de improviso decidimos llevar nuestra algarabía, nuestra música y nuestro mensaje electoral a Trinidad, ciudad colindante a la Sierra del Escambray, de población marcadamente anti-gubernamental. Nadie nos aplaudió, pero nadie no despreció, mucho menos nos agredió. En Placetas, dimos un acto multitudinario y nos cuentan que Rolando Cubela, comandante fidelista, estaba entre el numeroso público con varios secuaces armados e intención de arruinar el mitin, nos imaginamos que enchumbándolo en sangre, pero se arrepintió porque en palabras propias “son demasiados, están armados y nos puede costar caro”.

Era verdad, recorrimos la isla siempre en son de paz, pero dispuestos a combatir en cualquier campo por lo que considerábamos una causa noble, una solución sensata e inteligente a la problemática nacional.

Cuando llegamos a Santa Clara, nos recibieron triunfalmente. Estabamos ya por la mitad de la Cruzada de los Cien Actos.

Iba ganando la paz. Eso creimos...

Se Acerca El Día de las Elecciones

Mientras los miembros de la Cruzada recorríamos la isla celebrando nuestros espectaculares mítines relámpagos, los candidatos presidenciales llevaban al pueblo cubano un corajudo y cívico mensaje electoral; valiente pues se enfrentaban al terrorismo de los fidelistas en la loma y el llano; civilista porque propugnaban el voto frente a la bala. Rivero Agüero, francamente, prometía al pueblo cambio, libertad y honestidad; Márquez Sterling proclamaba un futuro de concordia nacional basado en su destacada trayectoria constitucionalista; Grau San Martín ofrecía su experiencia de gobernante democrático; Salas Amaro, en vibrante oratoria, convocaba al pueblo a demostrar con el voto su sensatez ciudadana.

Las elecciones del tres de noviembre de 1958 eran, sin lugar a dudas, la única alternativa que el pueblo cubano tenía ante la violencia, la venganza, el crimen, el engaño, la traición. el comunismo, el exilio y la miseria que han caracterizado estos cincuenta años de horror que hemos vivido en la isla.

Triste recuerdo. Trágico.

Mientras tanto, nosotros, los cruzadistas, continuamos la caravana automovilística por la bella provincia matancera. Dimos concurridos mitines electorales en Colón, San José de los Ramos, Perico, Jovellanos, Cárdenas y Matanzas. De vuelta en la provincia habanera, celebramos entusiastas mítines politicos en el Cotorro, Güines, Melena del Sur, Alquízar, Santiago de las Vegas, Bauta, Güira de Melena, Guanabo, Santa Fe y terminamos la Cruzada de los Cien Actos el 20 de octubre con un mitin televisado por el canal 4 de La Habana.

“Hemos concluído exitosamente una jornada electoral repleta de paz, verdad y civismo, porque a pesar de la violencia indiscriminada e injustificada del fidelismo, hemos logrado viajar por toda la isla llevando un mensaje de amor y concordia nacional, ya proclamados por Martí en su inmortal verso sencillo: para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo, cultivo la rosa blanca. La rosa más blanca de nuestros tiempos, la que más dignifica la prédica martiana y el heroico sacrificio mambí, sería su voto este próximo tres de noviembre. Que gane la democracia. Que gane el libre albedrío. Que Cuba despierte gloriosa y triunfal de su horrible pesadilla, pues la verdad no está en el fusil, ni en la bomba, ni en la montaña, si no en la urna electoral. Paz y Demoracia.”

Así concluíamos la Cruzada de los Cientos Actos. 104 mítines celebrados de Pinar del Río a Oriente.

Ahora a esperar el día de las elecciones



Día de Elección en Cuba

Quedamos sumamente satisfechos de nuestra labor. Más de cien mítines políticos celebrados en un país asediado por terroristas, sin sufrir serios contratiempos, sin manifestar rencor, al contrario llevando por toda la isla un mensaje de paz… democracia. Y libertad.

El brillante periodista Rolando Masferrer escribía sobre la Cruzada en su periódico Tiempo en Cuba:

“No se ha destacado bastante el excelente esfuerzo propagandístico en el proceso electoral a punto de culminar en los comicios, de los muchachos coalicionistas que liderea el hijo mayor del candidato presidencial…

“Hay que oir sus tesis en los mítines relámpagos en que terminan su recorrido por el interior del país, aun por los lugares donde lo que silban no son tomeguines del pinar…

“Su lenguaje no es de la exaltación. Sus expresiones no son de intolerancia y de soberbia desafiantes, llamando a violencia y pasiones…

“Por el contrario, su mensaje es de paz, de regreso a la cordura, de vuelta a la convivencia decorosa en que no se mata fríamente a los hombres que no comparten las ideas propias…

“En estos días la tribuna de Andrés Rivero Collado, que ya estuvo con nosotros en el formidable mitin de masas en Holguín, se alzó en el parque Vicente García de Victoria de las Tunas. Como habían hecho en las mismas estribaciones del Escambray hicieron en Tunas, donde los bandidos comunistas y sus títeres del 26 de Julio han cebado sus sañas sanguinarias en figuras políticas de los partidos de gobierno, los entusiastas jóvenes en una gestión casi de apostolado cívico, que si tuviese éxito frente a la prédica bárbara de la muerte, podría ahorrarnos cientos, quizás miles de vidas en flor, no cubrieron de infamia a nadie, no echaron a volar denuestos, insultos ni imprecaciones…

“Estos muchachos no son de mi partido. No son de Oriente. Pero personifican, con las mejores credenciales de su bondad, de su decencia humana, de su ausencia de toda mezquindad y rencor, de todo egoísmo torpe, una conducta esperanzadora, una posición distinta…”

(Nuestros Muchachos, 1 de noviembre de 1958) 

Terminados los mítines, los cruzadistas nos dedicamos a cuidar el proceso electoral. La noche antes de las elecciones patrullamos todas las calles de La Habana, Regla y Guanabacoa, para evitar que los fidelistas pusieran bombas como habían anunciado para frustrar el proceso democrático. No dormimos, pero nada pasó.

El martes 3 de noviembre fuimos a votar y esperamos en larga fila de cubanos que iban a ejercer su derecho ciudadano. Las elecciones en La Habana y otras ciudades importantes de la isla transcurrieron sin muchos contratiempos, fuera de los altercados usuales que siempre suceden en los países democráticos la hora de ejercer el voto.

Por supuesto en Santiago de Cuba y otras ciudades orientales, en donde los fidelistas habían prometido y realizado barbáricas represalias contra los votantes, (Lea, clic en 50 Años Después) la participación ciudadana fue mínima; el terror se impuso. Sin embargo, en general, 15% de la poblacion cubana salió a votar, el mismo porcentaje de participación electoral de 1920, cuando resultó electo Alfredo Zayas, el presidente más talentoso y demócrata de la historia cubana.

Al otro día se anunciaba que la candidatura presidencial Rivero Agüero-Godoy era la triunfadora. Asimismo se elegían por toda la república, senadores, representantes, gobernadores, alcaldes y concejales de diferentes partidos de gobierno y oposición.

Por primera vez en varios años, surgía un rayo de luz en el horizonte político cubano. ¿Habría ganado la democracia? Porque una elección, cualquier elección, siempre era mejor salida que la abstención, que la no-elección, frente las espurias promesas de un grupo terrorista, infiltrado de comunistas y anarquistas, sin  experiencia alguna de gobierno, de violenta, cruel y homicida insidia.

¿Habría ganado Cuba?

No; la prensa, incluyendo la más conservadora, se negó a reportar los resultados electorales, a darle espacio apropiado al gobierno electo; en los clubes más exclusivos y opulentos del país se siguió “conspirando“ y contribuyendo económicamente con la revolución; los Estados Unidos, a pesar de la recomendación de su embajador en Cuba, negó ayuda y legitimidad al nuevo gobierno, aunque semanas despues fuera certificado como legitimamente electo por el imparcial Tribunal Superior Electoral.

  No ganaba Cuba, ganaba la ceguera política, la pasión,la ignorancia, la intriga, la complicidad, la envidia, la desidia ciudadana.

Cuba perdió; sino que lo diga la trágica realidad vivida en estos últimos 50 años.

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