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AndresRivero.com
Revista Internética
Marzo de 2010
(Fundada en el 2002)
© 2010
postalia@andresrivero.com

Andrés Rivero

Es un destacado escritor
cubano-americano que reside en Miami, Florida. Es autor de diez libros; ha
escrito cientos de artículos periodísticos en revistas y diarios continentales
y diseñado decenas de materiales didácticos para el estudio del idioma español
en las escuelas americanas.
Rivero ha recibido numerosos premios y distinciones por su obra literaria
incluyendo una beca de la prestigiosa National Endowment for the Arts,
Washington D.C y en el año 2002 fue reconocido nacionalmente por la organización
Hispanic Media 100 de Houston, como uno de los periodistas hispanos más
prominentes de los Estados Unidos. Su padre, Andrés Rivero Agüero fue electo
Presidente de la República en las últimas elecciones multipartidistas
celebradas en Cuba (1958). Para comunicarse directamente con él escriba a:
ar@andresrivero.com

Un Gran Regalo
para cualquier ocasión

Toda
Una Vida Contando
Amazon.com/books

Esta es una
Producción CSP

Luis Toledo Webmaster

Colaboradores:
Néstor Jorge
Edith L. Owens
Ciro G. Domínguez
Pilar Funcia

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Comentarios Evidentes
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Para
que usted tenga una idea de los cuentos que aparecen en
Toda Una Vida Contando, le ofrecemos a continuación cortos
pasajes de algunas de las narraciones.
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Claro que
conozco al viejo que blande el cuchillo, es mi abuelo y es un salvaje; siempre
por esta época repite el ritual primitivo y despiadado que hace de la
Nochebuena una fiesta pagana, en vez de la espera anhelante de fecha tan
singular. Todos los años mi abuelo lleva el asunto a extremos brutales porque
insiste él mismo en matar el cochino... (Felices
Pascuas)
La casa del babalao era humilde, una más
en un barrio turbulento del norte de Miami. Abrió la puerta de la cerca y caminó
pesadamente por el chattahooche gastado hasta la puerta vieja y
descascarada. T ocó. Un negro grande y gordo, vestido en camisón floreado, le
abrió sonriente:
--Bienvenido hermano. Entra... (Violencia)
Si yo fuera un fantasma viviría en San Agustín. Es antiguo,
norteño y dispar al resto de la Florida plástica,
violenta y comercial. Siempre hace frío en el invierno de San Agustín; a veces
nieva. Y ello es bueno para un fantasma que quiere pasar desapercibido con su sábana
blanca. Además es divertido y creo que los
fantasmas necesitan --de vez en cuando-- algún tipo de diversión. No son como
las brujas, leprecones, o vampiros, violentos y sanguinarios, no...(Si
Yo Fuera Un Fantasma)
Todo empezó aquel
mediodía en un restaurante de La Castellana, en el centro de Caracas; allí nos
reuníamos a cada rato algunos colegas de la media venezolana: televisión,
radio, periódico y revista, como la mía, para carearnos con nuestra labor
investigativa a nivel mundial. Ya para los dos de la tarde, con la mesa repleta
de Soleras y de Etiquetas Negras, las historias que nos contábamos sonaban
fascinantes.
–Yo les aseguro, hermanos –dijo Jacinto Blanco, un animador de televisión--
que en el centro de la Florida hay vampiros... (Un
Vampiro en Disney World)
Pues ná, lo que son las cosas de
la vida: Cara e Trampa quiere llevá una vida normá, decente, como la de
to lo cubano que habemo aquí en Miami, pero ya tu sae mi helmano, el que nace
pa ferrocarril, der cielo le caen lo riele... (Cara
de Trampa)
Si me preguntaran cual ha sido la mayor desgracia política
de mi país –y hay muchas– respondería
sin ambages que las caderas de Sofía. Que volumen. Que ritmo. Que voluptuosidad.
Por eso el coro de los truhanes de mi barrio al verla pasar:
Pa’l este / y pa’l oeste / sus caderas / menea Sofía
/ que geografía / que gandía...
Viracuey no tiene remedio... (Las
Caderas de Sofía)
Tenía
los ojos claros, era fuerte, alto, aborigen y caminaba como si el mundo le
perteneciera. Era ilegal, devoto, ignorante, trabajaba en la construcción y vivía
en La Pequeña Habana. Aunque era un pelado, Moisés
creía que la mexicanada "Y sigo siendo el rey"
se la habían escrito a él
porque las mujeres del barrio, de cualquier edad, lo vacilaban cuando caminaba
orondo por esas calles maltrechas y violentas de aquel miserable barrio de Miami
que cada día iba de mal en peor... (Moisés y Su Larga
Noche)

–Abascal, el coronel quiere que eliminemos al Tito...
–¿Eliminar, teniente?
–Si sargento, si... el coronel quiere que se la arranquemos al Tito.
–Pero ¿por qué
teniente, por qué, si el Tito no es un asesino, ni un terrorista, si todo lo
que hizo en realidad fue esconder en su casa al líder? (La
Orden)
Esto ocurrió
hace ya algunos años. La pitonisa, en conciliábulo astrológico, recurriendo a todos sus
conocimientos en la numerología, a todas sus lecturas en espiritismo, brujería
y magia negra, evocando las profecías de Nostradamus y San Malaquías,
pronosticó que el tirano moriría asesinado el 2 de octubre a las nueve de la
mañana... (La
Pitonisa)
La
gorda sufre. Porque tiene que comer. Y no puede comer tanto. Problema. Frente a
ella un enorme pastel de chocolate. Suculento. Delicioso. Se atormenta la gorda
porque lo
quiere comer.
Sin poder.
–Explotas –le ha repetido una y otra vez el marido– como un petardo –enfatiza...
(La
Gorda)
El Miami de 1962 era pueblerino e implacable para los cubanos
que huían de la
isla. Por eso la niña cayó en un abismo al entrar en la escuela local. No
sólo por no entender el idioma y aborrecer el almuerzo escolar, sino también
porque a cada paso maestros y compañeros la hacían sentir diferente, como si
fuera inferior. Su ropa causaba risa y sus trenzas y su tristeza. Muy pronto se
le hizo infernal la vida en esta nueva ciudad... (Niña
Melancolía)
No iba a seguir trabajando como dependiente de botica; o se
iba al Norte, ¡quién
pudiera ver a Elvis en persona! o se iba a la Sierra Maestra a sumarse a Fidel.
La alternativa parecía ridícula, pero era sintomática de los tiempos que Cuba
vivía. De jóven, de sincero, de escéptico, no podía idealizar una disputa
ambiciosa y torpe anegada en sangre, pero si tenía que vivirla y tomar partido...
(El
Viaje)
El muerto en la cabina U-28 fue el acontecimiento más
importante de este crucero de doce días por el Caribe, sobre todo cuando ya sus
novecientos pasajeros habían caminado incansablemente todos los puertos de
parada y habían comprado toda la bisutería y todo el licor que se pueda
comprar.
El muerto era un tipo de unos cuarenta años de edad, que viajaba aparentemente
solo y no había hecho amistad con nadie, ni siquiera con sus compañeros de
mesa, por lo que no extranó que no hubiera ido a comer el día anterior. (Muerte
en el Crucero)
–¿Qué
te pasa? ¡Contéstame!
Haciendo un esfuerzo Teresita rezongaba:
–I don’t know... nothing.
-¡Háblame en español! –demandaba la madre.
La niña lloraba fuertemente.
–Pero mi’ja...
La niña temblaba.
–¿No quieres hablar español? --el tono de la madre se suavizaba algo.
–No.
–¿Por qué?
–We are in America... why don’t you speak English?
–I do! –respondía la madre.
–Then, why don’t you? –insistía la niña
enardecida.
–¡Porque soy cubana! –replicaba la madre– ¡Y me da la gana de hablar
español y me da la gana de que tu lo hables también!
¡Habrase visto que una culicagá me venga a dirigir
la vida, yo que creía que ya teníamos
bastante con los rednecks! (El
Complejo)
final
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